5 marzo, 2012
Tom Deininger, artista estadounidense, recolecta objetos para luego dar rienda suelta a su imaginación y dar vida con el reciclaje a un híbrido entre la escultura y el cuadro.
Cuando lo que importa es crear todo sirve: juguetes, cables, tapas o plásticos malformes y en desuso. Todo es útil. Por eso es que Tom Deininger puede crear inmensas obras que de lejos parecen un grafitti tamaño familiar, pero al acercarse uno se percata en realidad la pared tapizada sí posee volumen y todo gracias a un cable o la manija de la ‘refri’ que alguien optó dejar en el olvido.
El interés de Deininger por el uso del reciclaje para crear nació en 1994, luego de trotar por el mundo en busca de buenas olas que correr con su tabla. Él ya estaba vinculado al arte desde mucho antes, pero fue en ese año que se percató de cómo los materiales usados por él y muchos otros podían dañar el medio ambiente. Por este motivo optó por recolectar objetos en desuso. Adicionalmente, recordó lo vivido en sus largos viajes y la experiencia le demostró que es posible ser feliz teniendo una vida totalmente sencilla. ¿Ya te dieron ganas de recolectar?
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